El secreto de Puente Viejo

Las mujeres de Puente Viejo: viviendo en un mundo de hombres


Han sido muchos los años en los que la mujer ha carecido de derechos e igualdad con respecto al hombre. Tanto en el terreno profesional como personal, el varón siempre tenía la última palabra y era él quien decidía en todos los aspectos. La mujer solo debía dedicarse a cuidar de la casa y de los hijos que tuviesen.

En los años veinte eran escasos los trabajos que la mujer podía realizar: dama de compañía, doncella, tabernera, costurera, enfermera, cocinera, ama de casa… Eran puestos de trabajo poco importantes y en los que, en raras ocasiones, podían llegar a un escalafón más alto.

Existían mujeres (una gran minoría) que eran doctoras, terratenientes o empresarias. Estas féminas eran muy mal vistas por la sociedad en general: el resto de mujeres criticaban su modo de vida y las alentaban a cuidar de su casa y de su marido, mientras que los hombres se sentían atacados por las que creían era una raza inferior a ellos.

En cuanto al terreno personal, en los años veinte surgió el movimiento Flapper. Sus seguidoras llevaban el pelo corto de color negro o rubio platino, sus ropas eran más ligeras (al contrario que el maquillaje), bebían whisky y hacían las mismas actividades que los hombres, desafiándolos de este modo.

Las flappers hablaban su propia jerga y utilizaban términos como manacle big cheese. No eran mujeres reprimidas, al contrario que sus antecesoras, hasta tal punto de esnifar cocaína, conducir a toda velocidad y practicar el petting. El petting consistía en mantener relaciones sexuales sin llegar al coito, tanto en la intimidad como en fiestas organizadas con este fin.

Los años veinte supusieron un cambio en la sociedad femenina de la época gracias a los movimientos y las nuevas formas de pensamiento que llegaron procedentes de países extranjeros. Todas ellas influyeron para que, de un modo u otro, las mujeres llegasen a conseguir la igualdad y los derechos de los que gozan hoy día.