El secreto de Puente Viejo

Las hijas de D. Ignacio  se quedan en Puente Viejo


Este martes en El secreto de Puente Viejo… Adolfo  retiene un instante a Marta y, al tocarse, ambos se quedan aturdidos de la impresión. Ella no atiende sus ruegos y se marcha a escape, maldiciendo su pudor. Al llegar a casa, Rosa le ametralla a preguntas, pero Marta esquiva el interrogatorio y le sugiere olvidarlo.  Adolfo no le conviene y además, su padre planifica el regreso de la familia a Bilbao. Marta se desahoga con Manuela y le confiesa lo que sintió cuando Adolfo trataba de impedir que se fuera.

D. Ignacio y Ramón hablan de las revueltas populares y el joven le pone al día de lo tensas que están las cosas por Bilbao y el peligro que acecha a la monarquía; algo parece a punto de explotar. Urrutia y D. Ignacio comparten sus preocupaciones sobre sus hijas y su encargado, como enderezar la indomable naturaleza de Alicia. D. Ignacio sorprende a sus hijas informándoles que pasarán el invierno en Puente Viejo, teme por su seguridad y las quiere cerca. Marta se queda sin escape.

Matías saluda afectuosamente a Tomas y le agradece su apoyo, sabe por Marcela que se ha preocupado de la familia y, ni por asomo imagina, que entre ambos haya algo. Marcela se sorprende al descubrir que Camelia cree que su padre se ha vuelto a marchar, le ve tan poco que esa es la idea que se ha hecho. Mauricio observa a Marcela y le interroga por su actitud, le siente triste y ella le reconoce que se siente sola y que, aunque Matías ha regresado, no es el de siempre.

Adolfo detalla a Tomas su cita con Marta y sus nervios desde entonces. Reconoce que le ha impresionado y que no gobierna sus sentimientos. Por su parte Tomas, le transmite su apuro al conocer a Matías y la certeza de percibir que ese hombre ha dejado de querer a su mujer.

La marquesa encarga a sus hijos acudir a su abogado para averiguar sobre unas lindes, ambos se sorprenden por su falta de interés por el informe que Adolfo le tiene preparado, pero deducen que tiene otras prioridades.

Se presenta el capataz con unas facturas y Maqueda le incita a intimar, pero  la marquesa no lo encuentra oportuno, cree que el capataz debe adaptarse a su disponibilidad.  Maqueda  le recuerda  que el placer es cosa de dos y ella, divertida, decide terminar con la charla.

La marquesa y Antoñita aguardan la llegada de la visita a la que alojaran en el pabellón y descubrimos que es Francisca Montenegro.