El secreto de Puente Viejo

Francisca Montenegro: Un alma negra como la noche


Gonzalo Valbuena: «Jamás he visto al diablo señora, pero tengo entendido que puede adoptar cualquier forma, incluso el de una mujer como el alma negra como la noche«, capítulo 497.

Que maravilla de diálogos ‘había’ en Puente Viejo, que excepcionales tramas, ausentes hoy. Que tandem tan perfecto. Nieto y abuela enfrentados verbalmente. Era espectacular, dónde se demostraba  el poderío de estos dos personajes, con este gran guión. Pero sobre todo, en la maldad en la que se recrea, se regocija, se envuelve e impregna doña Francisca Montengro, Reina y señora de todas la comarca. 

Y que fácil es escribir maldad y bondad, sobre la vida de un personaje inventado, sobre sus amores y desamores, sus sentimientos, y sus rencores, pues ese personaje no es real, y por ese motivo se pueden aceptar licencias, situaciones extremas que de vivirlas realmente, serían tan sobrecogedoras y angustiosas como injustas, despiadadas y crueles. Pero lo que vemos, lo que amamos y lo que criticamos con tanta pasión, es una novela, todo ficción.

Y defiendo a capa y espada alguna actitud de sus personajes y no critico pero acuso a otras actitudes que rozan lo esperpéntico. Pero comprendo, como me dijo un amigo el otro día, que una cosa es lo que gusta, lo que te atrae, y otra lo que vende, y como empresarios que son las productoras, se guían más por lo que se vende, que por lo que pueda llegar a gustarles. Los guionistas, pues, se adaptan a las exigencias de quien manda, y los actores a las exigencias del guion, y se hace caso omiso, (y no sé hasta qué punto se tendría que obviar) a lo que la gente opina, a lo que le gusta, a lo que reclama a gritos, compartiendo deseos y comentarios, en las redes sociales, foros y páginas sobre la serie.

Defiendo, como hice en mi anterior artículo, la actitud de María, pero comprendo que a muchos de los seguidores de la novela les repatee los higadillos cada vez que a la pobre María, le hacen vivir situaciones como la que está viviendo actualmente o como la que ha vivido en capítulos anteriores durante toda su vida. Pero no es de ella de quien quiero hablar, aunque siempre quiero hacer mención, porque es digna de tal, y porque para mí, sigue siendo la protagonista, aunque a solas, sin su Gonzalo, pero protagonista junto Aurora, y esas tramas, son las que me hacen seguir aquí. María y Aurora.

Pero, a la que ya no puedo, ni quiero defender, porque no atisbo ninguna virtud, ningún gesto de bondad, es a doña Francisca Montenegro. La interpretación será magistral, puesto que el papel ya lo es también, y eso es lo único que podría defender de Francisca Montenegro, la interpretación de María Bouzas, porque por lo demás, por su actitud para con el prójimo, evidentemente que es reprobable de todo punto, se mire como se mire.

Es una asesina confesa, todo el mundo sabe que mató a quien le hizo, o intentó hacerle sombra, o le mató, o pagó para que se hiciera.

Recordemos, Emilia y Alfonso, saben que ordenó matar a Fernando Mesía. Al igual que ordenó matar a Juan Castañeda. Encerró a Efrén. Confesó a nuestro Martín Castro, que había matado a Pepa, y aunque no lo haya conseguido, porque nos lo han querido vender así, ha sido participe de su desaparición, además de haber preparado y ejecutado la muerte de su prima Bernarda sin apenas despeinarse, y tratar a su nieta Aurora, sangre de su sangre, una Montenegro también, como lo ha hecho, por el simple motivo de salirse con la suya.

Al igual que hizo con Raimundo, un amor, que yo personalmente, y analizando con detenimiento, no veo por ningún lado, lo hubo, sí, pero de eso ya no queda nada, tan solo le sirve de excusa para cometer fechorías, es un juego que le permite estar viva, un amor platónico, porque no dudaría ni por un instante, en acabar con su vida si se lo propone, tal como intentó rociándolo de gasolina, o dando trocitos de cristal para acabar con su vida.  Está visto que la hiel que le sale por los poros, la tiene impregnada de agria vestimenta, y arremete contra quien sea, por placer y por demostrar que es Francisca Montenegro, la cuestión es, no dejar títere con cabeza.

Francisca Montenegro, juega a ser Dios, siempre lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Utiliza a todo el que le rodea como si Puente Viejo, fuera un tablero de ajedrez y sus vecinos simples peones. Maltrata a todo el mundo, ordena, manipula, amenaza, intimida, utiliza y desecha, a excepción dos o tres personas, por las que en algún que otro momento, se le ha visto un esbozo de debilidad, pero que cuando eso ocurre, de inmediato aflora su parte vampírica y les chupa toda la sangre, dejándolos exangües, a punto del golpe final. Como haría la viuda negra después de su apareamiento.

Como está pensando hacer ahora mismo con el Jaral y todos los que habitan en él, incluida Esperanza, la niña de María y Martín. Francisca no tiene excusa para actuar como lo hace, ella es el veneno, ella emana ponzoña, por puro placer. En cuanto ya no puede manipular a su antojo, les destroza la vida, caiga quien caiga, y pete quien pete. Tan solo por el simple hecho de hacerlo, y por eso, ya ni creo que obtenga ese placer. Para ella, la maldad, es puro entretenimiento, como quien hace calceta, o barquitos de papel. Francisca Montenegro, es pura crueldad.

Si tanto dice querer a María, ¿por que la hace sufrir de este modo? La ha visto llorar desconsoladamente, desgarrarse por dentro, tras la fingida muerte de Gonzalo, su nieto, el que vivió con ella, durante su infancia, y a pesar de saber que no está en su tumba, a pesar de saber que continua vivo, la deja penando tan solo porque ella lo quiere así. María es suya y la quiere volver a utilizar. Como le está pasando con Bosco, pero este al contrario que María, está sacando la parte más negra de su abuela, se está empapando de desconfianza y de maldad.

Es increíble pensar que Bosco, es un muchacho de tan solo dieciocho años, que hace unos pocos meses no sabía nada de la vida, no sabía leer, ni escribir, no había dormido en cama alguna, no sabía comer como es debido, no sabía nada, y ahora es el mejor de los caballeros, es el más seductor, el más gallardo, el más preparado para llevar la finca, el que da órdenes, el que humilla vejando al servicio, cuando antes iba tras una gacela. Bosco esta hecho a imagen y semejanza suya. Nadie recordaría mirando a Bosco que es hijo de la partera y del capitán, que es fruto del amor de unos padres, de los que no ha heredado ni el apellido. Nada nos recuerda a ellos. Cosa que con sus hermanos, los protagonistas. Sí. Ellos emanan Partera, ellos evocan Tristán, lo llevan en sus venas, y nunca se podrán corromper, ni doblegarse ante su abuela, ni formar parte de su plan.

En el capítulo de ayer, al hablarle a Melchor, de la manera que lo hizo, al utilizar esas palabras hirientes, punzantes, llenas de rencor, al decir que había descubierto que Amalia era estéril, esas frases que le ha espetado, a bocajarro regocijándose en su entonación, o la que le dijo anteriormente, son del todo punto, maliciosas, e indignantes.

Cuando el pobre Melchor le explica lo del accidente y del fallecimiento de su esposa, alegrándose como cualquier padre haría, de que su hija salvara la vida, Francisca le responde con los dientes, “Si, pero una vida inútil” ¿es que acaso no recuerda Francisca que a ella también le podían haber dicho lo mismo de Soledad? Su hija tampoco puede engendrar, por culpa de ella misma. ¿Cómo habría reaccionado doña Francisca? ¿Acaso, no hizo ella, lo mismo cuando quiso casar a Soledad con el marques? Ella también escondió que Soledad era estéril.

Está visto, que Francisca Montenegro, y todos los poderosos desde que el mundo es mundo, predican lo que no hacen, y hacen lo que quieren, cambiando a su antojo y todas las veces que les sea necesario cambiar, cualquier situación, para su propio beneficio, juzgando sin miramientos a los demás, atacando sin piedad a todo el que le rodea, viendo la paja en el ojo ajeno, y no viendo la viga en el suyo propio.

Cuanta maldad puede albergar en su ajado corazón, un corazón que quizá en algún momento latía de pura felicidad, de amor verdadero, pero que ahora, con el paso de los años, se ha vuelto negro como la pez. Francisca Montenegro,es y será perversa y cruel, hasta la muerte.