El secreto de Puente Viejo

Amor y desamor: la leyenda de la fuente de Puente Viejo


Si algo ha marcado Puente Viejo desde el comienzo de la serie ha sido el amor. Son muchas las historias que se han contado y vivido a lo largo de más de mil capítulos, entre ellas las de sus protagonistas. ¿Quién imaginaría ‘El secreto de Puente Viejo‘ sin la historia de amor entre Pepa y Tristán, o las dificultades que siempre surgían entre María y Gonzalo? Entre otras, siempre quedarán para el recuerdo la hermosa relación de Emilia y Alfonso, o los amores que viven los hijos de la partera. Pero la primera, la que marcó al pueblo y a sus habitantes, fue la historia de Francisca y Raimundo, el principio y el origen de todo. 

En aquella época el amor no era tan fácil, y menos entre personas de distinta clase social. Eran frecuentes las bodas concertadas por los padres de los novios y ninguno de ellos, especialmente la novia, podían negarse. La mayoría de los matrimonios se realizaban por dinero o para salvar a la familia de la ruina.

Se daban casos, especialmente entre las familias pudientes, de matrimonios concertados entre jóvenes ricos. De este modo ninguno de ellos perdía su estatus social y económico, y su familia no soportaba el bochorno y la vergüenza frente a la sociedad que los rodeaba.

En el caso de los matrimonios entre personas pobres o jornaleros: los hombres se preparaban para dar una buena vida a su familia, y las mujeres aprendían desde pequeñas a llevar la casa y cuidar de los niños. Si, llegados a una determinada edad (treinta años o más), no se habían casado aún o no tenían hijos, no estaban bien considerados por la sociedad.

Los matrimonios, por supuesto, tenían que durar toda la vida, ya que no existía el divorcio. En el caso de algunas familias ricas, podían solicitar a través de la iglesia la nulidad matrimonial, alegando las causas que imposibilitaban el matrimonio. Estas eran, entre otras, infidelidad o matrimonio no consumado.

Cuenta la leyenda que, si un forastero bebe agua de la fuente del pueblo, se enamorará irremediablemente de alguno de sus habitantes. Quizás sí; quizás no. Pero, de un modo u otro, cada tarde nuestras pantallas se iluminan con las historias de amor de nuestra serie favorita.